Un día, de camino a las prácticas que estoy llevando a cabo en una ludoteca, pasé por Cánovas, un parque muy transitado por los cacereños, y me llamó la atención una cosa. Era sobre las cuatro y cuarto de la tarde y hacía mucho calor. Aún así pude ver cómo en cada banco del parque estaban personas solas, sentadas, mirando a la nada.
Me pregunté cómo a esas horas y con tanto calor preferían estar en un parque, solos, sentados, que estar en sus casas. Por mi cabeza pasaron muchas cosas, pero me dio mucha pena el pensar que así acabaremos todos, viviendo la soledad que deben experimentar la mayoría de los ancianos. Me entraron ganas de sentarme en cada banco y hablar con cada uno de ellos, para que así se sintieran escuchados, aunque sea durante cinco minutos.
Estamos tan centrados en nuestros móviles y redes sociales que no nos paramos a pensar en lo importante, las personas, y es una pena que no valoremos y apreciemos lo que tenemos. Con ello me refiero a que estamos perdiendo las buenas costumbres, como por ejemplo, de entablar una conversación con un amigo o con la familia.
Es habitual que en una reunión familiar estemos con los móviles en vez de hablar con la persona que tenemos delante, y de verdad, qué pena.
Creo de corazón que deberíamos aprovechar el tiempo con las personas que queremos, ya que llegará un día en el que faltarán, y será ahí cuando nos demos cuenta de lo que teníamos, pero tarde. Las personas que están a través de la pantalla pueden esperar, así que disfruta el tiempo que pases con tu gente, y especialmente con los abuelos, que son los que más soledad experimentan y necesitan todo nuestro cariño.
Deberíamos ponernos en su lugar y pensar más en ellos, ya que tarde o temprano, nosotros acabaremos igual. Hay que concienciar a las personas de que a la familia también hay que cuidarla como lo que son, un regalo, porque no todas las personas tienen la suerte de tener unos abuelos, unos padres...y no nos damos cuenta de lo afortunados que somos.
¡Así que no pierdas el tiempo! Familia solo hay una.
Me pregunté cómo a esas horas y con tanto calor preferían estar en un parque, solos, sentados, que estar en sus casas. Por mi cabeza pasaron muchas cosas, pero me dio mucha pena el pensar que así acabaremos todos, viviendo la soledad que deben experimentar la mayoría de los ancianos. Me entraron ganas de sentarme en cada banco y hablar con cada uno de ellos, para que así se sintieran escuchados, aunque sea durante cinco minutos.
Estamos tan centrados en nuestros móviles y redes sociales que no nos paramos a pensar en lo importante, las personas, y es una pena que no valoremos y apreciemos lo que tenemos. Con ello me refiero a que estamos perdiendo las buenas costumbres, como por ejemplo, de entablar una conversación con un amigo o con la familia.
Es habitual que en una reunión familiar estemos con los móviles en vez de hablar con la persona que tenemos delante, y de verdad, qué pena.
Creo de corazón que deberíamos aprovechar el tiempo con las personas que queremos, ya que llegará un día en el que faltarán, y será ahí cuando nos demos cuenta de lo que teníamos, pero tarde. Las personas que están a través de la pantalla pueden esperar, así que disfruta el tiempo que pases con tu gente, y especialmente con los abuelos, que son los que más soledad experimentan y necesitan todo nuestro cariño.
Deberíamos ponernos en su lugar y pensar más en ellos, ya que tarde o temprano, nosotros acabaremos igual. Hay que concienciar a las personas de que a la familia también hay que cuidarla como lo que son, un regalo, porque no todas las personas tienen la suerte de tener unos abuelos, unos padres...y no nos damos cuenta de lo afortunados que somos.
¡Así que no pierdas el tiempo! Familia solo hay una.
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