La sociedad nos ha enseñado lo que podemos y no podemos hacer como mujer y nos ha inculcado una idea de mujer perfecta en cuanto el aspecto físico. Solo podemos pesar unos determinados kilos, preferiblemente sin pasar de los 50, no comer lo que queremos para no engordar, ya que de lo contrario nos llegamos a sentir culpables, y eso significa remediarlo con muchas horas de gimnasio para poder perder peso.
Tenemos que vestir de una determinada manera. Si vestimos con ropa muy corta o que muestre el escote ya se nos etiqueta como chicas provocativas y busconas a las que les gusta llamar la atención y exhibirse. Si vestimos con ropa más reservada también está mal, ya que se nos etiqueta como monjas o estrechas.
Nos tiramos horas y horas delante del espejo, sin saber qué ponernos teniendo el armario lleno de ropa y cambiándonos ocho veces antes de salir a la calle, simplemente porque buscamos sentirnos guapas y parecernos un poco a esa idea que tenemos de la mujer perfecta, además de gustar a los demás.
En la publicidad podemos apreciar cómo la mujer es cosificada y mostrada como se supone que todas deberíamos ser.
A lo largo de nuestra vida las mujeres tenemos que soportar ciertos comentarios que nos hunden el autoestima y muchas llegan a tener trastornos alimenticios muy graves y de los que es muy difícil salir. Solemos recibir muchas críticas, y precisamente, no constructivas, ya que sirven para hacernos daño. Se nos califica de gordas, flacuchas, bajas, altas, feas, guapas...
¿De verdad hay que darle tanta importancia a lo que digan los demás de nosotras?
Quizá no tenemos el mismo cuerpo que la la actriz que protagoniza nuestra peli favorita o la altura de aquella modelo que desfila en una pasarela, pero tenemos que darnos cuenta nosotras mismas de lo que valemos, y de que somos perfectas con nuestras imperfecciones.
Se acabó lo de sentirnos menos que otras chicas porque no tenemos sus curvas, su sonrisa, sus ojos, sus piernas...¡Todas somos únicas e irrepetibles!
Tenemos que vestir de una determinada manera. Si vestimos con ropa muy corta o que muestre el escote ya se nos etiqueta como chicas provocativas y busconas a las que les gusta llamar la atención y exhibirse. Si vestimos con ropa más reservada también está mal, ya que se nos etiqueta como monjas o estrechas.
Nos tiramos horas y horas delante del espejo, sin saber qué ponernos teniendo el armario lleno de ropa y cambiándonos ocho veces antes de salir a la calle, simplemente porque buscamos sentirnos guapas y parecernos un poco a esa idea que tenemos de la mujer perfecta, además de gustar a los demás.
En la publicidad podemos apreciar cómo la mujer es cosificada y mostrada como se supone que todas deberíamos ser.
A lo largo de nuestra vida las mujeres tenemos que soportar ciertos comentarios que nos hunden el autoestima y muchas llegan a tener trastornos alimenticios muy graves y de los que es muy difícil salir. Solemos recibir muchas críticas, y precisamente, no constructivas, ya que sirven para hacernos daño. Se nos califica de gordas, flacuchas, bajas, altas, feas, guapas...
¿De verdad hay que darle tanta importancia a lo que digan los demás de nosotras?
Quizá no tenemos el mismo cuerpo que la la actriz que protagoniza nuestra peli favorita o la altura de aquella modelo que desfila en una pasarela, pero tenemos que darnos cuenta nosotras mismas de lo que valemos, y de que somos perfectas con nuestras imperfecciones.
Se acabó lo de sentirnos menos que otras chicas porque no tenemos sus curvas, su sonrisa, sus ojos, sus piernas...¡Todas somos únicas e irrepetibles!
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